
Es poco probable que las personas busquen en los políticos, aquellos que supuestamente deberían velar por sus intereses, las mismas peleas que ven en la televisión cada vez que cambian de canal. No hay que ser un experto en política para darse cuenta de que lo que reina en el escenario político actual es la división. No es necesario ser de "izquierda", de "centro" o de "derecha" (conceptos tan gastados en nuestros días) para darse cuenta de que en la mayoría de los partidos hay divisiones internas. Divisiones que la Democracia Cristiana intenta a toda costa descartar, porque en definitiva no serán las peleas las que los podrían llevar por cuarta vez a La Moneda.
En este sentido, Adolfo Zaldívar se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza para la DC y sus propósitos. El hecho de que un miembro de sus filas haya desaprobado el Transantiago, negándole cualquier apoyo, deja más en claro que nunca que la DC sufre el mismo mal que la Alianza. Las divisiones internas son fatales cuando se mantienen en el tiempo, no se pueden solucionar y lo peor, son percibidas por los votantes como una constante del partido.
Si la DC es el partido más importante de la Concertación no puede actuar de manera unilateral en cuanto a sus propósitos de llegar a la presidencia. Patricio Aylwin señaló que el candidato tiene que ser de sus filas, pero sin el apoyo del resto de los partidos que conforman la Concertación sus objetivos no llegarán a buen puerto. Concertación tiene por definición el pactar algo, el llegar a un acuerdo sobre alguna tema. La DC, entonces, debe ajusatrse más al significado del nombre que los congrega para poder así triunfar; de otra forma, no serán más que un conjunto de partidos juntos en donde reina sólo la desconcertación.